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¿Que es Megapraxis? El mundo cambia, y el cambio constante es una de las ideas que conciernen a la Megapraxis, (Heráclito: "Todo fluye"). Otra es su universalidad: es global; hay que analizar todo, explicar todo; no nos conformamos con las partes. La realidad siempre es compleja y la complejidad también es megapráctica. Pero no todo va a ser análisis. Debe haber praxis ¿no? Pues eso, propuestas de acción práctica, que es lo que modifica la realidad. En resumen, conocer mejor la realidad para proponer acciones que la transformen, que la hagan progresar, que sumen “cuantos de progreso”. Pasito a pasito. Es muy simple. Pero no es fácil.
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domingo, 26 de octubre de 2014

Hecho para tirar

Ya he tratado en este blog el tema de los límites del crecimiento (véase por ejemplo esta entrada, esta y esta otra) : la contradicción existente entre la necesidad de crecer indefinidamente, base del sistema económico vigente, y la inexorable finitud de los recursos disponibles. Es fascinante cómo esta contradicción es ignorada olímpicamente en los medios y debates públicos, como si por ignorarla no fuera más real.  El otro día leyendo el blog amigo "Decrecimiento" (enlace) leí unos párrafos del libro "Hecho para tirar " de Serge Latouche, que expresan mejor de lo que jamás podría yo escribir mis propios pensamientos acerca del tema del crecimiento. Les dejo con el extracto del libro. Espero que les sea de provecho. Salud y megapraxis.


Serge Latouche

Desde hace algún tiempo, mi ordenador, que hasta ahora me daba entera satisfacción, se bloquea sin que consiga volver a ponerlo en marcha. Acudo al vendedor y técnico que ya me lo había reparado con ocasión de anteriores incidencias. Tras el examen, diagnostica la muerte del disco duro y añade que, vista la edad de la «máquina», no es extraño en absoluto, dado que el disco en cuestión fue concebido para tener una duración de vida de tres años.

Lo mismo ocurre con los objetos más inesperados. Así, un día se suelta una patilla de la montura de mis gafas. El óptico de siempre, que tengo la suerte de tener muy cerca de casa, me propone adaptar una patilla equiparable que encuentra en sus reservas, lo que me va muy bien. Pero a la semana siguiente es la segunda patilla la que se suelta. De vuelta al óptico, me hago el sorprendido: «¿Hay algún truco?». Y me reconoce: «¿No lo sabía? Está previsto que este tipo de gafas dure dos años». Todos hemos conocido experiencias parecidas, unos con la lavadora, otros con el aparato de televisión.

Todos hemos tenido que enfrentarnos, aunque fuera sin saberlo, al fenómeno de la obsolescencia programada. El punto de partida de la obsolescencia programada es la adicción al crecimiento de nuestro sistema productivo.

Nuestra sociedad ha unido su destino a una organización fundada sobre la acumulación ilimitada. Lo queramos o no, estamos condenados a producir y a consumir siempre más. En cuanto el crecimiento se ralentiza o se detiene, llega la crisis, el pánico, incluso. Esta necesidad hace del crecimiento un «corsé de hierro», según la célebre expresión de Max
Weber. El empleo, el pago de las pensiones, la renovación del gasto público (educación, seguridad, justicia, cultura, transportes, salud, etc.) suponen el constante aumento del producto interior bruto (PIB), considerado, sin razón, por la mayoría de los comentaristas como el barómetro de nuestro bienestar, cuando no de nuestra felicidad. Producir más implica necesariamente consumir más. Vivimos, por lo tanto, en sociedades de crecimiento.

La sociedad de consumo es el resultado de estas. La sociedad de crecimiento puede definirse como una sociedad dominada por una economía de crecimiento, y tiende a dejarse absorber por esta. El crecimiento por el crecimiento se convierte, así, en el objetivo primordial, incluso único, de la economía y de la vida. No se trata de crecer para satisfacer unas necesidades reconocidas —lo que estaría bien— sino de crecer por crecer. Hacer crecer indefinidamente la producción y, por lo tanto, el consumo, y suscitar con ello nuevas necesidades hasta el infinito, pero también, al final —lo que nos guardaremos de decir en una hora de gran audiencia—, hacer crecer la contaminación, los residuos y la destrucción del ecosistema planetario: esta es la ley de hierro del sistema. «¿Ese sistema de automantenimiento contribuirá de una manera
u otra a la prosperidad? —se pregunta Tim Jackson—.

¿Acaso no existe un punto para el “¡Basta quiere decir basta!”, un momento en que deberíamos dejar de producir y de consumir tanto? Sin duda alguna, la dependencia estructural del sistema de crecimiento continuo es uno de los factores que impiden que un guion así pueda desarrollarse. La obligación de vender más bienes, de innovar permanentemente, de fomentar un nivel siempre más alto de demanda de consumo es alimentada por la búsqueda del crecimiento. Pero ese imperativo es a partir de ahora tan poderoso que parece minar los intereses de aquellos a los que se supone debe servir.»

Desde sus inicios, la sociedad de crecimiento se ha enfrentado al problema de los mercados. Solo puede generar beneficios comprimiendo a la clase trabajadora buscando compradores para los excedentes de producción. De forma periódica (cada diez años aproximadamente), la industria sufre una grave crisis de superproducción. Sismonde de Sismondi fue uno de los primeros en denunciar y analizar este fenómeno. Se convirtió al socialismo; según él este constituía la única solución capaz, a largo plazo, de eliminar el fenómeno del subconsumo obrero crónico y de la saturación periódica de los mercados. La economía capitalista lo consigue mejor o peor escogiendo otra vía, de la que muestra los límites: la expansión del sistema y la apertura de los mercados exteriores para la exportación del excedente. En una economía productivista de bajos salarios, el aumento de la producción no viene tan exigido por la demanda interior como por la de los países extranjeros, cuyos mercados se han de conquistar, aunque sea a cañonazos.

Encontramos aquí una tendencia recurrente en la historia del capitalismo moderno, que resurge hoy en día con las políticas de rigor y de austeridad. En esta gran competición, algunas economías, como Alemania, consiguen salir adelante, pero para el conjunto del mundo esta vía lleva a un callejón sin salida, ya que las exportaciones de unos son necesariamente las importaciones de otros. Es un juego que carece de interés. Decir que todos deben exportar para que la economía funcione es aún más absurdo que decir que todos deben endeudarse… A medida que la producción aumenta y que el capitalismo se generaliza en el planeta, el consumo se convierte entonces en un imperativo ineludible.

La producción en serie, de manera especial, necesita del consumo de masas para circular. Sin embargo, si bien el aumento de la productividad condena a consumir siempre más, también amenaza más el empleo. Como la reducción del horario laboral —que sería la solución sensata para paliar la desmesurada eficacia de las máquinas— no constituye un negocio para los capitalistas, esta no puede tener lugar, salvo que sea impuesta por los sindicatos y el Estado. Siempre susceptible de ser cuestionada, se ha vuelto prácticamente imposible con la mundialización y el libre intercambio. Las masivas deslocalizaciones hacia los países de salarios muy bajos, la generalización de la precariedad y del desempleo han aumentado tanto la competencia entre los trabajadores de los países occidentales que se convierten espontáneamente en adeptos del «trabajar más».

Peor aún, aceptan a la vez ganar menos. En esas condiciones, el único antídoto para el desempleo permanente es todavía más crecimiento, para que la producción circule, y más endeudamiento. Al final, el círculo virtuoso se vuelve un ciclo infernal… Para el trabajador, la vida «se reduce muy a menudo a la de un biodigestor que metaboliza su salario con las mercancías y las mercancías con el salario, transitando de la fábrica al hipermercado y del hipermercado a la fábrica», bajo la permanente amenaza del desempleo.

Por parte de los capitalistas, las cosas están más contrastadas. Unos, generalmente los más grandes, se reconvierten en financieros y se esfuerzan en enriquecerse especulando en los mercados; los otros, cada vez más estresados, ven cómo sus beneficios se funden con el descenso del precio de los productos, generado por su abundancia y por la exacerbada competencia para venderlos.

A principios del año 2012 también hemos asistido, en particular en el norte de Italia, a una verdadera epidemia de suicidios de directivos de pequeñas y medianas empresas, que no logran salir adelante. La naturaleza, por su parte, hacia la cual todos se esfuerzan en externalizar los costes y el sufrimiento del crecimiento, es explotada, saqueada y destruida sin piedad. Jamás los individuos habían alcanzado tal grado de desamparo. La industria de los «bienes de consolación» intenta en vano ponerle remedio. De esta manera, todos nos hemos vuelto «toxicodependientes» del crecimiento. Por otra parte, no se trata solamente de una metáfora. La toxicodependencia es polimorfa. A la bulimia consumidora de los adictos a los supermercados y a los grandes almacenes le corresponde el workalcoholism, la adicción al trabajo de los asalariados, alimentada, llegado el caso, por el consumo excesivo de antidepresivos e incluso, según unas investigaciones británicas, por el consumo de cocaína de los altos ejecutivos que quieren estar a la altura.

El hiperconsumo del individuo contemporáneo «turboconsumidor» desemboca en una felicidad herida o paradójica.7 El análisis gerencial de la adicción no es menos terrorífico. Según Andrew Grove, presidente de Intel Corporation, «el miedo a la competencia, el miedo a la quiebra, el miedo a equivocarse o el miedo a perder pueden ser poderosas motivaciones. ¿Cómo cultivar el miedo a perder entre nuestros empleados? Solo podemos hacerlo si lo experimentamos en nuestra propia piel». Sin entrar en el detalle de esas «enfermedades generadas por el hombre», solo podemos suscribir el diagnóstico del profesor Belpomme: «El crecimiento se ha convertido en el cáncer de la humanidad».

En los años cincuenta le preguntaron al presidente Eisenhower, con ocasión de una conferencia de prensa, qué debían hacer los ciudadanos para combatir la recesión. Él contestó:

—¡Comprar!

—¿Pero qué?

—¡Cualquier cosa!

 Extraído del libro 'Hecho para tirar' de Serge Latouche

miércoles, 18 de julio de 2012

No es un rescate, es un saqueo

Llevamos tiempo sin escribir. No nos da tiempo, mirando atónitos como la realidad devora cada día los acontecimientos. Y no solo los acontecimientos, también devora nuestras expectativas y nuestras esperanzas. Hemos entrado en una situación que podríamos calificar, no de espiral, sino de "picado en barrena" económico que amenaza con  estrellarnos en cualquier momento, llevándose la economía de varios países, entre ellos el nuestro, por delante. La cosa no es ninguna broma. Si hace un año escribimos un. post de "política-ficción" ("El coma") sobre cómo le sentaría a alguien despertarse de un coma y darse cuenta de que se han perdido todos los derechos y los servicios sociales que tantos años y tantas luchas costaron a las generaciones precedentes, hoy ese cuento de ficción ya está tocando la realidad.

Los recientes acontecimientos así lo demuestran. Lo que ha ocurrido en tan solo unos días es que se nos ha "abierto un agujero" bancario, fraguado probablemente durante algunos lustros, pero que nadie había anticipado (¡nadie!), ni los dos últimos gobiernos, ni los organismos reguladores (Banco de España) ni los diversos asesores/expertos del ramo. Después del agujero, que se ha ido agrandando por días, según quien lo evaluara (finalmente fueron unas costosas auditoras, que lo cifraron en unos 70.000 millones de €) se anunció un rescate bancario (usando, eso si, eufemismos neolingüísticos como "línea de crédito", o "apoyo financiero") cuyo cálculo también fue sujeto de tiras y aflojas, hasta alcanzar la cifra de 100.000 millones de €. La UE nos "presta" ese dinero (es decir, nos "rescata") a cambio de una serie de exigencias (concretamente 32) recogidas en un memorándum que va a firmar el gobierno del PP pasado mañana, dia 20 de julio, en nuestro nombre.

El memorandum exige a España cumplir unas obligaciones draconianas para reducir el gasto público, de modo que podamos devolver el "préstamo" que tan "generosamente" nos han concedido, en un plazo razonable (para ellos, claro). El contenido de ese memorandum ha sido ocultado a la opinión pública en España por el Gobierno, que no tiene ningún interés en divulgar su contenido, pero ha sido revelado en medios de otros países como Holanda, por lo que sabemos lo que nos espera, como veremos. Entretanto el Gobierno, en un gesto hacia los "mercados" de deuda (que nos vienen comprando deuda a intereses insostenibles, 6 y pico % y subiendo), en el Consejo de Ministros del 13 de julio, ha tomado una serie de medidas absolutamente impopulares e inaceptables. Por ejemplo, subir el IVA , recortar sueldos y días libres de empleados públicos, recortar prestaciones por desempleo y endurecer las condiciones para obtenerlas, además de reducir los servicios sociales y demás servicios públicos al mínimo, etc etc, todas ellas afectando severamente a los  más débiles, y ni una sola que exija un mínimo sacrificio a los poderosos, los fuertes, los acaudalados (los culpables de la situación, vaya), lo que ha desencadenado la ira ciudadana, por lo injusto de estas medidas.  La indignación se ha extendido y generalizado entre la población porque las medidas son injustas: no exijen el mismo sacrificio a todos: solo a los débiles. Además, una circunstancia inesperada ha terminado de exasperar a la gente: sus señorías los diputados del partido en el gobierno aplaudieron las medidas el miércoles 12, en sesión parlamentaria extraordinaria en la que el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, las desgranó una a una, dándose además la increíble circunstancia de que una diputada del PP, que responde al nombre de Andrea Fabra, en un alarde de desprecio injustificable al pueblo español, jaleó con un "¡Que se jodan!" la medida de recorte de las prestaciones a los desempleados. 

Estas medidas "supuestamente" van dirigidas a contener el gasto, pero más allá de esa excusa, lo que pretenden es demostrar al mundo que en cuestiones de exprimir a su pueblo, el Gobierno del PP es el campeón, y que no se van a arrugar ni ablandar. Ese Consejo de Ministros estuvo presidido por el Rey (que sepamos, es la primera vez que el Rey preside un Consejo de Minsitros: ¿por que? ¿para que?) lo que da idea de lo inusual de la situación.

La gente se ha echado a la calle a pedir que pare este saqueo. Repetimos, SAQUEO. No se trata de una crisis. Los hechos son incontrovertibles. Todos sabemos quien/quienes ha(n) generado el agujero: los bancos prestaron más de lo que debían (en todo el mundo) y crearon una burbuja típica de los ciclos económicos de la economía capitalista o de mercado que nos domina, pero más grande porque el despendole económico de los ultimos años, sin control alguno, ha sido de órdago, con la complicidad de todos los estamentos del poder, político, judicial e incluso mediático. Cuando ya quedó claro a todo el mundo que la deuda  bancaria era imposible de cobrar, los bancos intentaron seguir engañando, convirtiendo la deuda en "productos financieros" (basura financiera sería mejor denominación) que compraron bancos e inversores. Era humo. Cuatro años después del comienzo de la crisis ya sabemos donde están los pufos: han ido a parar a los bancos de los países con los dirigentes más tontos y corruptos de la UE: Grecia, Portugal, Irlanda y España, con Italia en el punto de mira. Como sus dirigentes son tontos, no ha sido mucho el esfuerzo que ha tenido que hacer el poder financiero internacional, representado por el FMI, el Banco Mundial y el Banco Central Europeo para hacerles una "oferta que no podrán rechazar", como diría Don Vito Corleone. En efecto, como ratoncitos a los que se ceba con un pedazo de queso, hemos ido cayendo en la trampa uno tras otro, todos los países con dirigentes "borderline". En algunos incluso se ha abolido formalmente la democracia al nombrar extraparlamentariamente un presidente "tecnócrata" ("uno de los nuestros" siguiendo con el lenguaje de "El Padrino"). En el nuestro no ha hecho falta, porque se ha abolido la democracia sola, con el Parlamento secuestrado por dirigentes tan incompetentes como ávidos, con los que no hay alternativa: o te roban, o te roban..

Y se ha puesto en marcha la maquinaria del saqueo. Un país tras otro nos van volteando, colgándonos de los pies con la cabeza hacia abajo, y sacudiéndonos con un palo para que caiga todo lo de valor, y cuando no caiga más, nos abandonarán a nuestra suerte, arruinados y doloridos. Acabarán con nuestros derechos, conseguidos tras duras luchas por nuestros padres y abuelos. Acabarán con nuestros servicios públicos, la sanidad, la educación, eso que en España había sido tan difícil de conseguir, pues partíamos de un mayor atraso, pero que en pocos años llegamos a disfrutar e incluso a ser envidiados como el país con uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. Nuestro sistema educativo funcionaba, pese a lo que digan quienes han intentado desprestigiarlo burdamente. Funcionaba, y buena prueba de ello es el número de profesionales universitarios de gran nivel, competitivos internacionalmente y disputados hoy día por muchos países que no tienen tan buenos profesionales, y que aprovechando la mala situación de España se los están rifando por miles. Todo ello gracias a una educación y una universidad públicas eficaces y accesibles a todos. 

Queridos compatriotas, vayan despidiéndose de eso. Si quieren que sus hijos estudien en la universidad, preparen unas decenas de miles de € por curso, y si tienen la mala suerte de caer enfermos de una enfermedad grave, preparen diez veces más dinero para empezar a hablar, o muéranse. Este es el truco: nos hacen creer que estamos en crisis, y con el susto, nos quitan lo público, lo de todos, para privatizarlo, es decir, ponerlo en manos de amiguetes incompetentes para que éstos se forren. Saqueo, no crisis. Nos van a sacar hasta el último céntimo de nuestros bolsillos y de los fondos públicos, es decir, comunes. No va a quedar nada. 

Este es el "camino neoliberal". Estas son las recetas para salir de la "crisis", solo que no es una crisis, es un saqueo. Cada país que ha caido en la misma trampa antes que nosotros, en el "rescate financiero" y se le han aplicado esta recetas, está cada vez peor. Nadie con un mínimo de conocimiento e información cree que vayamos a hacer otra cosa sino hundirnos cada vez más en la miseria y la ruina. Al final de este proceso el país habrá perdido su pujanza, su riqueza, su bienestar, y sus posibilidades de futuro. Todo en aras de una "recuperación económica" que es falsa. Estas medidas no obrarán ninguna recuperación, sino, muy al contrario, nos hundirán para siempre, pues un país sin educación es un país sin futuro. Un país sin sanidad es un país enfermo. Un país sin I+D (se ha recortado brutalmente este aspecto del presupuesto nacional) es un país que la da la espalda al futuro y a su independencia económica. Estas medidas no resisten un análisis mínimamente objetivo. Ni desde el punto de vista de la justicia, ni de la equidad, ni siquiera desde el punto de vista meramente económico. La OCDE ha señalado hasta la saciedad la importancia de la educación y la salud para el éxito económico de un país. Vamos por el camino contrario. Da la sensación de que todo esto obedece a un diseño bien planificado para hundir a un país que había alcanzado un razonable grado de bienestar y competitividad. Da la sensación de que estas medidas las está dictando nuestro peor enemigo.

¿Hasta cuando vamos a tolerar esta situación? Esta pregunta ya nos la hemos hecho en posts anteriores ("Si esta crisis demuestra..." y ¡No os resignéis!) y desde entonces esto ha ido empeorando por momentos. Las movilizaciones sociales son ya continuas. Todos los días hay una manifestación, un encierro, un acto de rebeldía contra este atraco a los ciudadanos, contra esta agresión brutal, contra este golpe de estado contra la democracia. 

Ciudadanos, compatriotas, esto no lo van a arreglar los de arriba. Lo tenemos que hacer los de abajo. Tenemos que juzgar y condenar a los culpables de este saqueo. Mientras uno solo de ellos esté suelto, no habrá paz para este pueblo honesto y sufrido como el que más.

Y lo tenemos que hacer rápido. El memorándum que nos vende, que vende nuestros serivcios, nuestra soberanía y nuestro bienestar a nuestros enemigos, se firma el viernes 20 de julio, o sea, dentro de 2 días.

Mañana, 19 de julio, hay manifestaciones (en Madrid a las 20:30 h) para parar el saqueo y pedir responsabilidades a los culpables de esta situación. ¡Acude! ¡Lucha! ¡No te resignes!

Salud y megapraxis.