Datos personales

Mi foto
¿Que es Megapraxis? El mundo cambia, y el cambio constante es una de las ideas que conciernen a la Megapraxis, (Heráclito: "Todo fluye"). Otra es su universalidad: es global; hay que analizar todo, explicar todo; no nos conformamos con las partes. La realidad siempre es compleja y la complejidad también es megapráctica. Pero no todo va a ser análisis. Debe haber praxis ¿no? Pues eso, propuestas de acción práctica, que es lo que modifica la realidad. En resumen, conocer mejor la realidad para proponer acciones que la transformen, que la hagan progresar, que sumen “cuantos de progreso”. Pasito a pasito. Es muy simple. Pero no es fácil.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El ocaso de la Tierra (o La gran pirámide)

Si seguimos alimentando la codicia, con el tiempo una sola persona lo poseerá todo y el resto de la humanidad no poseerá nada.

Los sistemas de seguridad detectaron un objeto a la deriva en medio de la trayectoria de la nave. Al acercarse pudieron percibir que se trataba de algo artificial, una especie de cápsula. Enviaron una patrulla para inspeccionarlo. Al acercarse comenzaron a recibir una señal procedente del objeto. Extrañamente, la señal no estaba codificada. El capitán comenzó a leer el texto según iba apareciendo en la telepantalla:

"...en 2025, al final de la era de los Estados, quedábamos aún siete grandes Corporaciones. Liquidar los Estados fue coser y cantar, pues casi se autoliquidaron ellos mismos. Nosotros sólo les mostramos el camino a seguir ("eliminad ciudadanos, cread súbditos; eliminad derechos, cread obligaciones; eliminad educación, cread ignorancia") y ellos lo siguieron como corderitos que van al matadero. Una vez que nos repartimos el botín comenzaron las hostilidades. Distintos intereses acabaron por conformar dos grandes bloques, la Alianza y el Eje, abocados a enfrentarnos poco después, en la Gran Guerra Absoluta. El Eje fue vencido, aplastado, liquidado, borrado del mapa. Fue un gran triunfo, porque las fuerzas estaban igualadas y tanto el Eje como la Alianza tenían una capacidad igualmente terrible de aniquilación. Sin embargo, vencimos al Eje, sin duda porque para ganar no basta con tener capacidad de exterminio, sino que además es imprescindible una determinación absoluta para emplear esa capacidad contra el enemigo, y emplearla antes que éste.
Con la Alianza dominando hegemonicamente el Mundo no llegó la paz. Por el contrario, empezaron las luchas entre los Presidentes de las tres Corporaciones que entonces formábamos la Alianza. En una maniobra hábil y rápida, los dos más fuertes hicimos una OPA hostil al tercero, quebrando su Corporación. Nos repartimos sus holdings y los mercados correspondientes, que pasaron a nuestro Dominio, junto con su arsenal nuclear y biológico. Ya libres de competencia, el presidente de la otra Corporación murió de forma inesperada dejándome a mi como único heredero de su Imperio. 
El Mundo ya es mío. Poseo toda la riqueza y todo el poder. La Humanidad entera me pertenece. Tengo el control absoluto sobre todas las cosas que hay en la Tierra. Toda mi vida he luchado con el único objetivo de vencer, de triunfar, de llegar hasta aquí. He sometido a todos mis enemigos. Los pocos supervivientes de esas batallas son ahora mis esclavos. Ya no hay enemigos contra quien luchar. 
En el tiempo que me queda de vida se inicia una nueva era de paz. He dispuesto construir una gran pirámide que sirva como mausoleo que conmemore mi existencia eternamente. Será colosal, porque en ella no sólo se dará sepultura a mis restos, sino también a todas mis riquezas materiales. En ella enterraré también mis armas de destrucción masiva, dispuestas de modo que, si tras mi muerte, alguien osara profanar mi eterno descanso, se ponga en marcha un programa de aniquilación que acabará con el planeta. A la vez, mis restos serán lanzados en una cápsula hacia el espacio, donde encontrarán eterno descanso".


El capitán levantó los ojos de la telepantalla y dio la orden a la nave: "¡DESTRUIR!". Una vez que la patrulla se encontraba segura, un rayo hizo estallar la cápsula, reduciéndola a polvo estelar. La patrulla regresó a la "Resistence", una gran nave del Eje, superviviente de la Gran Guerra Absoluta, que continuó la búsqueda de un planeta habitable.


Más cuentos del 15M en este blog:

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Grecia, Europa y el armagedón

Continuando con la entrada anterior (El verano en que se aceleró la historia), seguimos haciendo la crónica de lo que está pasando estos días en torno a la crisis económica y sus consecuencias políticas.

Ya dijimos en la entrada anterior que el FMI había lanzado una alerta sobre una "inminente recesión global". Cada día que pasa desde entonces los hechos parecen confirmar que avanzamos rápidamente hacia esa recesión. Algunos son incluso más alarmistas y dicen que estamos "al borde del abismo" (Felipe González). También dijimos que Grecia estaba a punto de la bancarrota, y a medida que pasan los días se confirma que Grecia no va a poder pagar su deuda, ni siquiera va a poder pagar a sus funcionarios a partir de octubre. Grecia está efectivamente al borde del abismo económico. La quiebra de Grecia, a decir de muchos comentaristas/analistas va a traer el Armagedón a la Unión Europea. Primero, los acreedores de Grecia son principalmente bancos europeos, entre ellos sobre todo franceses y alemanes, que verán rebajadas sus calificaciones inmediatamente. Como ya aprendimos con la quiebra de Lehman Brothers en 2008, esta situación se contagia muy rápidamente a otros bancos. Las economías más débiles de la zona Euro, entre ellas España, pueden ir colapsando en serie, pero las más fuertes tampoco se van a librar. Con tiempo, el abismo se irá tragando también a los países de la UE fuera del Euro (Reino Unido, Suecia...). Las repercusiones que ello tendrá  en el resto del mundo, incluyendo EE.UU., son difíciles de prever, pero las tendrá, y muy serias. Lo último es que el FMI prepara el "rescate" de España e Italia, con un fondo "ad hoc" de 400.000 millones de €. Sabemos, por la experiencia de casi 4 años de crisis, que los "rescates" (del FMI, del BCE, etc) no son otra cosa que parches que pueden paliar temporalmente los problemas, pero no los solucionan, y con el tiempo se vuelven a manifestar, si cabe más virulentamente. Los rescates pueden por tanto contribuir a crear más problemas.

En términos políticos, en España estamos al final del mandato del gobierno actual, que en la práctica no tiene ningún margen de maniobra, a poco más de 2 meses de la fecha electoral. Este gobierno del PSOE, podemos resumir, ha errado profusa y sistemáticamente en el manejo de la situación ante la crisis, ha defraudado a su electorado, y es percibido como un fracaso. El partido en el gobierno, en un intento por redimirse de sus errores a la hora de ofrecer una candidatura para las próximas elecciones, ha promovido a uno de sus miembros (el ex-ministro del Interior) a la candidatura a la presidencia del gobierno en las próximas elecciones. El principal problema que tiene este candidato es el de explicar qué tiene que aportar de nuevo un miembro del gobierno que no supo actuar ante la crisis. Las encuestas vaticinan un fracaso electoral sin precedentes en el PSOE, que incluso amenaza a la propia supervivencia del partido. Si se confirman estos malos augurios, la crisis, pero sobre todo los errores del gobierno ante ella, no solo le costarían al PSOE el gobierno, sino el propio partido.

La ciudadanía ve estos acontecimientos con perplejidad. Percibe cómo un torrente de noticias alarmantes se  van desgranando en los medios, y que los responsables de controlar la situación no saben qué hacer. Si van notando que, aunque los políticos no saben cómo hacer frente a la crisis, cada uno la aprovecha para hacer cosas que en tiempos mejores no se atreverían, pero que con la excusa de la situación excepcional que vive la economía, se atreven. Se puede decir que la crisis ha venido muy bien para reducir derechos laborales y sociales en general, como liberalizar más las contrataciones laborales, alargar los plazos de cotización y la edad para cobrar las pensiones, reducir salarios, reducir y a veces privatizar servicios públicos, entre ellos algunos tan básicos como la educación, precisamente aquéllo en lo que tenemos que basar cualquier estrategia para salir de la crisis. Estas medidas, tendentes a reducir derechos y servicios públicos, han sido tomadas tanto por el gobierno de la Nación como por los gobiernos de las Comunidades Autónomas, independientemente de su signo político, aunque son todas ellas medidas de inspiración neoliberal. Este hecho es muy relevante. El miedo a un Armagedón económico ha hecho que un partido de inspiración socialdemócrata como el PSOE haya abrazado el catecismo neoliberal como un converso arrepentido. La factura que le va a pasar esto se verá en breve.

Pues bien, la ciudadanía ha podido comprobar cómo todas y cada una de las medidas neoliberales aplicadas a evitar/reducir el impacto de la crisis han sido engullidas una tras otra por una vorágine de datos macroeconómicos cada vez más alarmantes. En definitiva, ninguna de estas medidas ha sido efectiva, y actualmente estamos igual que estaríamos si no se hubieran tomado. El caso de la reforma de la Constitución es paradigmático. No se consensuó lo suficiente, se hizo a espaldas de los ciudadanos (con el coste que puede tener eso en términos de desafecto constitucional y hacia la Democracia en general), pero lo más importante: no hacía falta y no ha servido para nada. Como todas las demás medidas, se ha ido por el desagüe de la crisis. Los ciudadanos perciben con horror que no hay nadie competente en el timón de la nave, y ésta va a la deriva, a estrellarse contra los arrecifes. Y esto ocurre no solo en España, sino también a nivel internacional, con dirigentes europeos dando palos de ciego, bancos centrales y otros organismos de control indecisos y erráticos, que deciden bajo presión, a menudo lejos del interés general. Las medidas neoliberales han sido fuertemente criticadas por los más prestigiosos economistas, entre ellos varios premios Nobel de economía, que ven en ellas intentos de "apagar el incendio con gasolina". Lejos de las medidas restrictivas, se necesita justo lo contrario: un "New Deal" de expansión del gasto público que reanime a la moribunda economía, al estilo del que sacó de la crisis a EE.UU. de la gran depresión de 1929. El problema es que nos falta un Roosevelt.

¿Y que pueden hacer los ciudadanos? Pues para empezar, no dejarse engañar. Las medidas anti-crisis son realmente recortes de derechos y servicios que no se deben permitir. La crisis es una excusa. Con la crisis se genera un clima de miedo que viene a favorecer la aceptación de los recortes como "mal necesario" ante males peores. Los ciudadanos deben abandonar el miedo al Armagedón y exigir un cambio de política económica. Si estos líderes no quieren o no pueden, habrá que cambiarlos por otros. Las elecciones son una vía, aunque es improbable que algo cambie a través de las urnas en esta coyuntura, pero hay otras vías de cambio, a saber: la implicación de los ciudadanos en movimientos sociales como el 15M, con potencial para regenerar la vida pública (quizá este sea el verdadero papel de este movimiento); hacerse oir, mostrar nuestro enfado, a través de la participación en iniciativas ciudadanas, protestas, manifestaciones; la participación en medios de comunicación, internet, etc. Los ciudadanos deben implicarse y trabajar si quieren evitar que otros les terminen llevando a la ruina.
Evitar el Armagedón está en nuestras manos, y estamos en el momento preciso para evitarlo. Hay que actuar: la hora de la PRAXIS ha llegado.



miércoles, 7 de septiembre de 2011

El verano en que se aceleró la Historia

Hasta ahora habíamos eludido en este blog hablar de la actualidad. No por nada, pero entendíamos que ya hay muchos blogs dedicados con acierto a comentar la actualidad. Creíamos que el espacio de este blog tenía que  tratar otros temas más de fondo, que dieran otra información, que ayudaran tanto a interpretar  como a preguntarse sobre la realidad. Por ejemplo,  aquéllos que tenían en común exponer cómo las falsas ideas se hacen fuertes en mentes poco reflexivas, y cómo se pueden combatir usando la razón, y sobre todo enfrentándolas con la realidad en forma de datos  y hechos. En este contexto hemos abordado algunas cuestiones como: las contradicciones del liberalismo (1), la actitud de la Iglesia ante la ciencia (2), el cambio climático (3), la inteligencia humana (4)(5), los límites del conocimiento (6), la entropía social (7)(8), el sectarismo (9), etc. Unas pocas veces nos hemos acercado a cuestiones económicas más candentes y a su dimensión política, si bien las hemos tratado muy someramente (10) y en algunos casos incluso "literariamente" (11)(12)(13). Teníamos preparados algunos otros temas que, en esta misma línea, intentaban exploran ese límite indefinido entre la ciencia y el pensamiento. Pero hemos tenido que parar y valorar todo de nuevo, ante los acontecimientos políticos y económicos que están teniendo lugar ahora mismo, en lo que parece una verdadera aceleración de la historia, y que van camino de producir cambios muy notables, ante los cuales, los temas que pretendíamos tratar quedan como pequeñeces sin importancia. De modo que abrimos un paréntesis para atacar la actualidad política y social, porque la que está cayendo es como para pensar, pero sobre todo para actuar.

Empezaremos por el final: hoy, 6 de septiembre de 2011 ha caído la bolsa dejando el IBEX 35 por debajo de los 8000 puntos. Recordemos que antes de la "crisis" (2007) estaba en 16000, de modo que de media las acciones de las empresas españolas han visto reducido su valor a la mitad en muy corto plazo. Esto ocurre el mismo día en que los sindicatos y otras organizaciones, notablemente el movimiento 15M, se han manifestado en Madrid y otras ciudades españolas contra una reforma de la Constitución que introduce un límite del déficit  público, aprobada sin consenso (los dos partidos mayoritarios votaron a favor, el resto o en contra o se abstuvieron) por la vía extra-urgente, en pleno mes de agosto, con el difuso objetivo de "dar confianza" en la solvencia de la economía española. Fuertemente contestada, insuficientemente explicada su extrema urgencia, y menos aún la necesidad de fijar "a fuego" en la Constitución semejante regla economicista, que puede ser buena en tiempos de crisis, pero no tanto en tiempos de bonanza, la reforma constitucional (que constituye en sí un hecho extraordinario en nuestra Democracia, pues solo ha habido otra reforma, para adecuar la Constitución a nuestra incorporación a la UE) se ha quedado vieja, olvidada en el cajón (muy abarrotado, por cierto) de las medidas contra la crisis que han perdido vigencia en cuestión de horas tragadas por una vorágine de caídas bursátiles, subidas vertiginosas de la "prima de riesgo" (diferencial del tipo de interés pagado por la deuda española con respecto al de referencia alemán), aumento continuo de la cifra de parados (en este momento 4.131.000, el 21% de la población activa española), afectando sobre todo a jóvenes (46% desempleo en menores de 25 años). Todo ello en un contexto internacional no menos preocupante: países de la UE en cuasi-bancarrota, entre los que destaca Grecia, que a estas alturas ya sabemos que no va a poder pagar su deuda, y otros que van detrás como Irlanda, Portugal e Italia, que como España, afrontan un futuro económico muy negro. A día de hoy no se sabe (o al menos el público general ignora) el alcance de esta crisis para la estabilidad de la zona Euro y de la Unión Europea tal y como la conocemos hoy. La crisis es de naturaleza financiera y los bancos afrontan un futuro muy incierto sin liquidez y con un agujero estimado de 230.000 millones de Euros, situación similar a la quiebra de Lehman Brothers en 2008, que desencadenó la primera "gran caída" de la crisis (aunque esta vez sin el colchón financiero de los Estados que acudieron a salvar la banca endeudándose hasta las cejas). El FMI advierte del peligro de "recesión inminente" a nivel mundial (EE.UU. no está mejor) y un coro de patéticos dirigentes europeos replica que no hay peligro de recesión, todo lo más de cierta "desaceleración" (¿les suena?).

De todo lo anterior destacan dos cosas sobre las que reflexionar:
1) La ínfima credibilidad de una clase política que no ha hecho nada por evitar el desastre económico que se nos avecina, unos, desde el gobierno, ya sea el central o los autonómicos, que primero niegan los problemas para luego tomar medidas mal dirigidas, a veces contradictorias, que quedan en evidencia a las pocas horas de entrar en vigor, y que además no explican a los ciudadanos la situación ni el porqué de tales medidas, como si los ciudadanos fuéramos incapaces de comprenderlas (como si fuéramos idiotas, en definitiva). Otros, desde la oposición, pero seguros de obtener votos suficientes para gobernar en las próximas elecciones (se me olvidaba: todo esto ocurre a escasos 2 meses y medio de unas elecciones generales que se han anticipado debido a la grave situación en que se encuentra el país) que lo único que aciertan a decir es lo mal que lo hace el gobierno actual y que ellos lo harán mejor, pero no dicen lo que van a hacer para hacerlo mejor, pero eso sí, cooperan con el gobierno actual para introducir una reforma constitucional con "agostidad" y alevosía, y reproducen los mismos errores que atribuyen al gobierno en las CC.AA. en las que han gobernado. El debate político se ha reducido al nivel intelectual de una riña de patio de colegio que recuerda el viejo chiste ("¡Oye tú!", "¡Pues anda que tú!"). La ciudadanía se ha dado cuenta hace tiempo de la incompetencia de sus dirigentes y ya ha empezado a manifestar su enfado frente a esta casta política de indigentes intelectuales poderosos, privilegiados y bien pagados, que además no dirigen, sino que son dirigidos por otros, cayendo sobre muchos de ellos la sombra de la sospecha por corrupción. El mes de agosto ha sido pródigo en manifestaciones y actos públicos que evidencian el hartazgo de la ciudadanía frente a sus políticos. pero esto no ha hecho más que empezar, y el otoño promete ser muy caliente hasta las elecciones del 20 de noviembre.
2) La ilimitada avidez de dinero, el desmedido afán de lucro, la ignominiosa avaricia acompañada de una bajeza moral sin límites, que exhiben sin pudor los dueños del capital (por ponerles un nombre), que han mostrado que son quienes realmente mandan, y que son capaces de abalanzarse ciegamente sobre cualquier presa que se muestre debil, vulnerable, sin importarles que la presa sea un país o muchos, a los que arruinarán, llevando a la pobreza y al sufrimiento a millones de ciudadanos, o especulando con materias tan sensibles como los alimentos, con la certeza de que llevarán a la hambruna a millones de personas.

De todo esto han tomado buena cuenta los ciudadanos, porque en estos tiempos en que se ha acelerado la historia, a algunos se les ha caido la careta. Hemos visto el rostro de los que nos arruinarán si no tomamos las riendas nosotros. Ya hemos empezado. La gente se ha echado a la calle en muchos países, y cada vez va a haber más gente en la calle para parar el expolio. Ha llegado el momento de la PRAXIS. Actuemos inteligentemente. Unión, determinación, fuerza. Somos más. Somos mejores. ¡Venceremos!

Megapraxis, Madrid, 6 de septiembre de 2011.

domingo, 14 de agosto de 2011

Entropía social (y 2)


Vimos en la entrada anterior (Entropia-social (1)) cómo la entropía, o "desorden" del sistema aumenta a medida que los sistemas transforman la energía y se acercan al equilibrio. Como ley física que es, ese aumento es intrínseco e inevitable, además de universal. A continuación veremos el significado de este concepto en las actividades humanas, y en particular, su sentido en las dinámicas sociales.
Ya vimos que los seres vivos hacen un "uso" particular del segundo principio: sus organismos altamente organizados, a través de un aporte constante de energía consiguen mantenerse lejos del equilibrio. Intercambian también materia con el medio, metabolizándola para producir energía y mantener el elevado nivel de organización de sus estructuras. Toda esta actividad genera productos de deshecho (de bajo o nulo contenido energético, y bajo nivel de organización) que son expulsados al medio. De este modo, cada organismo vivo para mantenerse: 1) consume mucha energía 2) expulsa al medio materia de bajo contenido energético y baja organización. Dicho de otro modo, los organismos vivos generan una gran cantidad de entropía que absorbe el medio que les sostiene, de modo que la entropía global (ser vivo + medio) aumenta. Esto lo podemos comprobar en todos los niveles de organización de la vida, desde los organismos más simples (bacterias) hasta los más complejos (plantas y animales superiores). De hecho, a otro nivel, la evolución de la vida ha ido ganando en complejidad, lo cual no deja de ser paradójico en relación con el principio de la ganancia de entropía en los sistemas. Esto se explica de la misma forma: en la medida en que el sistema se aleja del equilibrio, expulsa más entropía al medio, de forma que el balance global siempre es positivo.

Existen organismos con un nivel de organización superior. Son los organismos "sociales". Sus individuos se especializan en labores concretas, lo cual beneficia al conjunto. Los insectos sociales (hormigas, abejas) son buenos ejemplos, pero el comportamiento "social" es un fenómeno muy extendido en el mundo animal.
Los organismos sociales tienen una enorme capacidad para transformar el medio en su provecho. El ser humano representa un caso extremo de organismo social: es el ser vivo social por excelencia, y ha aprendido a transformar el medio en que vive a su conveniencia, algo que hace de una forma extraordinariamente eficaz. Sin embargo, su actividad no escapa de ese principio del aumento de entropía: si quiere mantener sus estructuras altamente organizadas (lejos del equilibrio), tiene que usar mucha energía, y este proceso generará una gran cantidad de entropía que se acumulará en el medio. Miremos a nuestro alrededor. Vivimos en comunidades que a menudo sobrepasan cifras de miles y a veces millones de individuos. La construcción de una sola de nuestras casas requiere un gran gasto energético. Los materiales de que está hecha proceden de materias primas que son transformadas en procesos industriales y transportados a veces desde muy lejos. Mantener sus estructuras, evitando su degradación, conlleva un gran gasto de energía. Ello no es más que la energía que invertimos en mantenerla “lejos del equilibrio” (o del “caos”). Todo ello hay que multiplicarlo por miles, millones de casas. Pero no solo las casas. Pensemos en las obras públicas necesarias para que nuestra sociedad funcione: carreteras, puentes, aeropuertos, etc. Y los medios de transporte, las comunicaciones, el comercio. Pensemos en todas las formas de explotación de la naturaleza que hemos ido desarrollando: la obtención de recursos naturales, la extracción de materias primas del subsuelo, del fondo del mar, combustibles fósiles, minerales, maderas, etc, así como su transformación en procesos industriales que dan lugar a un sinfín de productos de consumo, la pesca, la producción de alimentos, la agricultura y ganadería tecnificadas e industrializadas. Y en el centro de estas actividades, la producción de energía que alimente todos estos procesos. Todo ello para abastecer las necesidades de una población creciente, que se multiplica cada vez más rápido, que aumenta de forma exponencial. Toda esta actividad, todo este consumo de recursos naturales, de energía, todo este incremento en la organización de la materia que nos atañe, que nos “toca”, alejándola del equilibrio, tiene un coste ambiental, una “factura” que nos pasa la naturaleza en forma de aumento de entropía, de desorden, de “caos” en nuestro medio. Los residuos de esta actividad se acumulan en forma de montañas de basura en las afueras de nuestras ciudades; en forma de contaminación que afecta a recursos tan esenciales como el aire, el agua y los alimentos; en forma de “huella” en el paisaje, transformando los bosques, las selvas, las montañas, los ríos, las costas, etc; en forma de calor residual que ha hecho que aumente la temperatura media de la superficie terrestre (ver entrada anterior: "Cambio climatico y deformación asimétrica de la realidad"l y que hará que siga aumentando en el futuro. Todo ello ocurre, de acuerdo con el segundo principio de la termodinámica, como consecuencia necesaria e inevitable de nuestras actividades dirigidas a mantener un orden lejos del equilibrio, consumiendo para ello gran cantidad de energía. Podemos (y es deseable) paliar el agotamiento de los recursos energéticos desarrollando nuevas tecnologías que aprovechen nuevos recursos. Podemos mejorar la eficacia de los sistemas de producción, hacerlos más “ecológicos”, más “verdes”. Podemos mejorar los medios de tratamiento de los residuos, incrementar el reciclado, etc, etc. Ello posiblemente mejore algo la situación a corto plazo, pero a largo plazo no hay que esperar otra cosa de esta forma actual de economía basada en el “desarrollo” que el aumento inexorable de la entropía, en función del consumo de energía y grado de organización que alcancemos. Conviene recordarlo, porque este dilema convierte el concepto de “desarrollo sostenible” en una utopía. El desarrollo, tal y como está concebido en la sociedad actual, es insostenible a largo plazo, porque está limitado por la disponibilidad de los recursos naturales y por el nivel de entropía que la naturaleza, y la humanidad, sean capaces de soportar.

Una vez que hemos visto cómo la entropía es una consecuencia inevitable del desarrollo económico, y uno de sus límites, vamos a llevar un poco más allá el alcance del 2º principio de la termodinámica. Es bien conocida la aplicación del concepto de entropía en la teoría de la información: La información se puede ver como un incremento de orden y un alejamiento del caos o entropía. No es una simple analogía, sino que se trata de magnitudes equivalentes. No queremos profundizar en este tema, solo que sirva de ejemplo para mostrar como el concepto de entropía es aplicable a campos muy diversos. Aquí vamos a explorar su aplicación a las ciencias sociales y económicas. De momento nos aproximaremos por analogía (aunque posiblemente, como en el caso de la teoría de la información, la relación podría ser más estrecha): las sociedades humanas, como entidades altamente organizadas, pueden ser descritas como un sistema lejos del equilibrio. Notablemente, las sociedades humanas, al menos las sociedades avanzadas tal y como las conocemos en nuestra civilización occidental, se organizan en clases o estamentos. Simplificando un poco podemos representar esos estamentos superpuestos en forma de pirámide, con las clases bajas, más numerosas, en la base, y las más acomodadas y poderosas, reduciendo su proporción a medida que ascendemos por la pirámide. Mantenerlas en ese estado requiere una inversión energética, un esfuerzo de la sociedad, continuado en el tiempo. En esta analogía, podemos asimilar “poder” al concepto “energía” en termodinámica. El poder se conserva y transforma en distintas formas, y se aplica fundamentalmente a mantener la sociedad lejos del equilibrio. Podemos considerar cada “aplicación” del poder como una transformación termodinámica de energía, la  cual conlleva necesariamente “pérdidas” que se traducen en un aumento de la entropía del sistema. El balance global sumaría entropía equivalente al grado de orden alcanzado. ¿Y que significa “entropía” en términos sociales? Pues, análogamente al significado termodinámico, significa “pérdida irreversible, intrínseca  e inevitable de energía (poder) del sistema”, o sea, pérdida de la capacidad de transformación de la sociedad, que se va en desorden no aprovechable, que aumenta el “caos” del medio en que vivimos. La “entropía social” sería un no-poder, que se acumularía en los niveles mas bajos de la pirámide social. Cuanto más alta la pirámide, más ancha su base y por ende más “entropía social” se acumularía en los niveles más bajos de “poder”. No es difícil imaginar en qué consisten esas pérdidas sociales. En su funcionamiento normal, una sociedad como la nuestra excluye legiones de personas de la participación en la riqueza colectiva. Desempleo, exclusión social, pobreza, gente en el más absoluto desamparo. Esta es la base de la pirámide que constituye nuestra organización social. Ojo, no podemos aspirar a otra cosa: para que la pirámide se “eleve” debe generarse una amplia base de excluidos sociales. O dicho de otro modo: los de “arriba” se lo deben todo a los de “abajo”, porque sin éstos, aquéllos no existirían. La sociedad actual se esfuerza no solo en excluir a legiones de personas de la riqueza colectiva, sino en expulsarlos físicamente: alejarlos de los centros de riqueza, aislarlos en guetos, impedir su entrada (inmigración), etc.

Como conclusión, del mismo modo que una consecuencia del desarrollo económico es el aumento de entropía en forma de contaminación, calentamiento global y degradación del medio en general, la entropía social en forma de población excluida de la riqueza colectiva surge como consecuencia inseparable de la organización en estamentos sociales cada vez más separados y distantes. Existen tres maneras de enfrentarse a este hecho: 1) aceptarlo y tratar de paliarlo por medio de políticas redistributivas (socialdemocracia); 2) negarlo porque el mercado se regula solo y corrige estas situaciones (liberalismo); 3) cambiar las reglas y mandar la pirámide a freir espárragos (revolución socialista o anarquista, por ejemplo). Como saben, hoy domina la segunda opción (ver entrada anterior:.”liberalismo-asimetrico”). Ustedes eligen.