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¿Que es Megapraxis? El mundo cambia, y el cambio constante es una de las ideas que conciernen a la Megapraxis, (Heráclito: "Todo fluye"). Otra es su universalidad: es global; hay que analizar todo, explicar todo; no nos conformamos con las partes. La realidad siempre es compleja y la complejidad también es megapráctica. Pero no todo va a ser análisis. Debe haber praxis ¿no? Pues eso, propuestas de acción práctica, que es lo que modifica la realidad. En resumen, conocer mejor la realidad para proponer acciones que la transformen, que la hagan progresar, que sumen “cuantos de progreso”. Pasito a pasito. Es muy simple. Pero no es fácil.

jueves, 2 de junio de 2011

Los límites del conocimiento científico (I)



En nuestros días se acepta de un modo generalizado que la base del progreso de la Humanidad reside en el avance del conocimiento científico. Por eso, reconocer que éste tiene límites produce cierta inquietud. ¿Existen limites al conocimiento científico? ¿Hay preguntas que la ciencia no puede responder? Vamos a explorar un poco este campo. 

Para empezar, la ciencia excluye cuestiones metafísicas como ¿existe Dios? Estas cuestiones no pertenecen al ámbito científico, que es el de la razón. El dominio de lo sagrado es lo irracional, lo milagroso, lo intangible... Por tanto, excluimos ya lo irracional de nuestro campo. Centrémonos en lo racional, que es lo que nuestra razón puede abarcar. Dentro de lo racional encontramos sin duda cuestiones que hoy día parecen fuera del alcance de la ciencia, pero cuya respuesta sin embargo es previsible que sea accesible a ésta. Quizá hoy no podamos responder si existe vida fuera de la Tierra, pero no nos cabe ninguna duda de que la ciencia puede arrojar luz sobre esta cuestión, y posiblemente desvelarla por completo algún día. Nos preguntamos por algo más profundo: dentro del ámbito de la ciencia, ¿hay preguntas que el ser humano no puede –ni podrá– responder?
La cuestión de los límites del conocimiento no es nueva. Por no ir muy lejos, a principios del siglo XX, Bertrand Russell halló una contradicción esencial que hizo temblar los fundamentos de las matemáticas. Ahondando más en la herida, Kurt Gödel, en 1931, demostró que en cualquier sistema matemático ó lógico, hay proposiciones que, aún teniendo sentido, no se pueden probar ni rechazar. Son sencillamente “indecidibles”. Paúl Cohen elaboró incluso un “catálogo” de cuestiones indecidibles en matemáticas. ¿Responden estos enunciados a la pregunta formulada arriba? ¿Son estos enunciados “preguntas científicas”? Pues bien, las matemáticas son una herramienta fundamental para la ciencia, pero ni su objeto de estudio ni su método son los mismos que los de la ciencia experimental. Mientras ésta se ocupa de comprender la Naturaleza, a través del método científico, basado en la observación y la experimentación, las matemáticas se ocupan de las leyes que rigen en el mundo de los números, probadas mediante demostraciones irrefutables, a través de una secuencia de pasos gobernada por la lógica. Así pues, la pregunta que buscamos no está entre estos enunciados “indecidibles”.
¿Descartamos también el límite que supone el principio de incertidumbre de Heisenberg (1)? De la aplicación de este principio podrían surgir un sinfín de preguntas sin respuesta, del tipo: ¿cual es la posición y la cantidad de movimiento exactas de un determinado electrón en el átomo X? Pero desde su formulación, en 1927, esta limitación no parece haber obstaculizado la marcha de la física de partículas, acostumbrada ya al cálculo de probabilidades para resolver sus problemas.
Sin embargo, hay un problema científico de primera magnitud sobre el cual se cierne una seria objeción lógica, objeción que, en último término, impediría su resolución. El problema es la comprensión del cerebro: ¿podemos los seres humanos comprender el funcionamiento de nuestro cerebro? O de otra manera: ¿puede el cerebro humano comprenderse a sí mismo? El cerebro es un órgano singular en muchos aspectos. Según.Rita Levi-Montalcini, neurobióloga y primera mujer galardonada con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología (1986), “el cerebro es un órgano mucho más complejo que cualquier otra estructura orgánica”(2). Desentrañar los secretos de su tremenda complejidad ha sido desde siempre un reto para la ciencia, y aún hoy constituye uno de los temas más representativos de lo que se ha dado en llamar “ciencia de frontera”. El estudio del cerebro ha fascinado a grandes científicos, desde Ramón y Cajal hasta la citada Rita Levi-Montalcini o David H. Hubel, por citar solo algunos de los nombres más relevantes de entre los galardonados con los diez Premios Nobel otorgados hasta ahora a investigaciones sobre neurobiología. Como puede imaginarse, el estudio del cerebro y el sistema nervioso es un área de investigación tremendamente activa. Fruto de este interés se han producido grandes avances en el conocimiento del cerebro y su funcionamiento. Sin embargo, hay que destacar que estos avances han tenido lugar principalmente en relación las actividades “básicas” del cerebro, las relacionadas con la locomoción, la percepción, etc., y que cuanto más evolucionadas (más “humanas” podríamos decir) sean estas actividades cerebrales, más difícil es avanzar en su conocimiento.
¿En qué consiste la objeción lógica mencionada anteriormente? ¿Por qué el cerebro no puede ser comprendido por el cerebro? Citando a Monod: “El lógico podría advertir al biólogo que sus esfuerzos para ‘comprender’ el entero funcionamiento del cerebro están condenados al fracaso porque ningún sistema lógico sabe describir integralmente su propia estructura”(3). El neurobiólogo David H. Hubel, discutiendo sobre este tema, lo explica muy gráficamente: “Nadie puede levantarse en el aire tirando de los cordones de sus zapatos”(4). Pero ni Monod ni Hubel se resignan a aceptar esta limitación lógica. Ambos argumentan que estando aún lejos de comprender el cerebro en su totalidad, queda mucho espacio para avanzar, y se han producido enormes avances en el conocimiento del cerebro. En definitiva, lo anterior no invalida al cerebro como objeto de estudio.
Habiendo leído lo anterior, un niño de 9 años se preguntó: ¿Y muchos cerebros? Esto realmente sitúa el problema en sus justos términos: ¿podrán los cerebros de muchos seres humanos, investigando coordinada y eficazmente durante generaciones, finalmente comprender el funcionamiento del cerebro humano?


(1) Según este principio físico,  al determinar simultáneamente ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y el momento lineal de un objeto, cuanta mayor exactitud se obtenga al medir una de ellas, menor será la precisión al medir la otra variable. Este efecto es particularmente notable a escala atómica (cuántica), e introduce un conocimiento de la física basado en probabilidades.
(2) R. Levi-Montalcini. NGF: Hacia una nueva frontera en la neurobiología. Alianza Ed. Madrid. 1993.
(3) J. Monod: El azar y la necesidad 3ª ed.. Tusquets, Barcelona. 1985.
(4) D.H. Hubel. El cerebro.3ª ed.. Libros de Investigación y Ciencia. Labor, Barcelona. 1980.

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