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¿Que es Megapraxis? El mundo cambia, y el cambio constante es una de las ideas que conciernen a la Megapraxis, (Heráclito: "Todo fluye"). Otra es su universalidad: es global; hay que analizar todo, explicar todo; no nos conformamos con las partes. La realidad siempre es compleja y la complejidad también es megapráctica. Pero no todo va a ser análisis. Debe haber praxis ¿no? Pues eso, propuestas de acción práctica, que es lo que modifica la realidad. En resumen, conocer mejor la realidad para proponer acciones que la transformen, que la hagan progresar, que sumen “cuantos de progreso”. Pasito a pasito. Es muy simple. Pero no es fácil.

lunes, 27 de octubre de 2014

El TTIP: ¿Un golpe de estado del PP, PSOE, CiU y UPyD?

TTIP: "Transatlantic Trade and Investment Partnership " o "Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión es el mayor ataque a la democracia desde el 23F. Presten atención al vídeo. Merece la pena.

(NOTA: si no pueden ver el video insertado en el post, hagan click aqui para verlo en YouTube)

Paremos el TTIP. Si no lo hacemos lo lamentaremos y lo sufriremos nosotros y las futuras generaciones. ¿Qué les diremos cuando nos pregunten: "Y tu qué hiciste para impedirlo"?

Salud y megapraxis.

domingo, 26 de octubre de 2014

Hecho para tirar

Ya he tratado en este blog el tema de los límites del crecimiento (véase por ejemplo esta entrada, esta y esta otra) : la contradicción existente entre la necesidad de crecer indefinidamente, base del sistema económico vigente, y la inexorable finitud de los recursos disponibles. Es fascinante cómo esta contradicción es ignorada olímpicamente en los medios y debates públicos, como si por ignorarla no fuera más real.  El otro día leyendo el blog amigo "Decrecimiento" (enlace) leí unos párrafos del libro "Hecho para tirar " de Serge Latouche, que expresan mejor de lo que jamás podría yo escribir mis propios pensamientos acerca del tema del crecimiento. Les dejo con el extracto del libro. Espero que les sea de provecho. Salud y megapraxis.


Serge Latouche

Desde hace algún tiempo, mi ordenador, que hasta ahora me daba entera satisfacción, se bloquea sin que consiga volver a ponerlo en marcha. Acudo al vendedor y técnico que ya me lo había reparado con ocasión de anteriores incidencias. Tras el examen, diagnostica la muerte del disco duro y añade que, vista la edad de la «máquina», no es extraño en absoluto, dado que el disco en cuestión fue concebido para tener una duración de vida de tres años.

Lo mismo ocurre con los objetos más inesperados. Así, un día se suelta una patilla de la montura de mis gafas. El óptico de siempre, que tengo la suerte de tener muy cerca de casa, me propone adaptar una patilla equiparable que encuentra en sus reservas, lo que me va muy bien. Pero a la semana siguiente es la segunda patilla la que se suelta. De vuelta al óptico, me hago el sorprendido: «¿Hay algún truco?». Y me reconoce: «¿No lo sabía? Está previsto que este tipo de gafas dure dos años». Todos hemos conocido experiencias parecidas, unos con la lavadora, otros con el aparato de televisión.

Todos hemos tenido que enfrentarnos, aunque fuera sin saberlo, al fenómeno de la obsolescencia programada. El punto de partida de la obsolescencia programada es la adicción al crecimiento de nuestro sistema productivo.

Nuestra sociedad ha unido su destino a una organización fundada sobre la acumulación ilimitada. Lo queramos o no, estamos condenados a producir y a consumir siempre más. En cuanto el crecimiento se ralentiza o se detiene, llega la crisis, el pánico, incluso. Esta necesidad hace del crecimiento un «corsé de hierro», según la célebre expresión de Max
Weber. El empleo, el pago de las pensiones, la renovación del gasto público (educación, seguridad, justicia, cultura, transportes, salud, etc.) suponen el constante aumento del producto interior bruto (PIB), considerado, sin razón, por la mayoría de los comentaristas como el barómetro de nuestro bienestar, cuando no de nuestra felicidad. Producir más implica necesariamente consumir más. Vivimos, por lo tanto, en sociedades de crecimiento.

La sociedad de consumo es el resultado de estas. La sociedad de crecimiento puede definirse como una sociedad dominada por una economía de crecimiento, y tiende a dejarse absorber por esta. El crecimiento por el crecimiento se convierte, así, en el objetivo primordial, incluso único, de la economía y de la vida. No se trata de crecer para satisfacer unas necesidades reconocidas —lo que estaría bien— sino de crecer por crecer. Hacer crecer indefinidamente la producción y, por lo tanto, el consumo, y suscitar con ello nuevas necesidades hasta el infinito, pero también, al final —lo que nos guardaremos de decir en una hora de gran audiencia—, hacer crecer la contaminación, los residuos y la destrucción del ecosistema planetario: esta es la ley de hierro del sistema. «¿Ese sistema de automantenimiento contribuirá de una manera
u otra a la prosperidad? —se pregunta Tim Jackson—.

¿Acaso no existe un punto para el “¡Basta quiere decir basta!”, un momento en que deberíamos dejar de producir y de consumir tanto? Sin duda alguna, la dependencia estructural del sistema de crecimiento continuo es uno de los factores que impiden que un guion así pueda desarrollarse. La obligación de vender más bienes, de innovar permanentemente, de fomentar un nivel siempre más alto de demanda de consumo es alimentada por la búsqueda del crecimiento. Pero ese imperativo es a partir de ahora tan poderoso que parece minar los intereses de aquellos a los que se supone debe servir.»

Desde sus inicios, la sociedad de crecimiento se ha enfrentado al problema de los mercados. Solo puede generar beneficios comprimiendo a la clase trabajadora buscando compradores para los excedentes de producción. De forma periódica (cada diez años aproximadamente), la industria sufre una grave crisis de superproducción. Sismonde de Sismondi fue uno de los primeros en denunciar y analizar este fenómeno. Se convirtió al socialismo; según él este constituía la única solución capaz, a largo plazo, de eliminar el fenómeno del subconsumo obrero crónico y de la saturación periódica de los mercados. La economía capitalista lo consigue mejor o peor escogiendo otra vía, de la que muestra los límites: la expansión del sistema y la apertura de los mercados exteriores para la exportación del excedente. En una economía productivista de bajos salarios, el aumento de la producción no viene tan exigido por la demanda interior como por la de los países extranjeros, cuyos mercados se han de conquistar, aunque sea a cañonazos.

Encontramos aquí una tendencia recurrente en la historia del capitalismo moderno, que resurge hoy en día con las políticas de rigor y de austeridad. En esta gran competición, algunas economías, como Alemania, consiguen salir adelante, pero para el conjunto del mundo esta vía lleva a un callejón sin salida, ya que las exportaciones de unos son necesariamente las importaciones de otros. Es un juego que carece de interés. Decir que todos deben exportar para que la economía funcione es aún más absurdo que decir que todos deben endeudarse… A medida que la producción aumenta y que el capitalismo se generaliza en el planeta, el consumo se convierte entonces en un imperativo ineludible.

La producción en serie, de manera especial, necesita del consumo de masas para circular. Sin embargo, si bien el aumento de la productividad condena a consumir siempre más, también amenaza más el empleo. Como la reducción del horario laboral —que sería la solución sensata para paliar la desmesurada eficacia de las máquinas— no constituye un negocio para los capitalistas, esta no puede tener lugar, salvo que sea impuesta por los sindicatos y el Estado. Siempre susceptible de ser cuestionada, se ha vuelto prácticamente imposible con la mundialización y el libre intercambio. Las masivas deslocalizaciones hacia los países de salarios muy bajos, la generalización de la precariedad y del desempleo han aumentado tanto la competencia entre los trabajadores de los países occidentales que se convierten espontáneamente en adeptos del «trabajar más».

Peor aún, aceptan a la vez ganar menos. En esas condiciones, el único antídoto para el desempleo permanente es todavía más crecimiento, para que la producción circule, y más endeudamiento. Al final, el círculo virtuoso se vuelve un ciclo infernal… Para el trabajador, la vida «se reduce muy a menudo a la de un biodigestor que metaboliza su salario con las mercancías y las mercancías con el salario, transitando de la fábrica al hipermercado y del hipermercado a la fábrica», bajo la permanente amenaza del desempleo.

Por parte de los capitalistas, las cosas están más contrastadas. Unos, generalmente los más grandes, se reconvierten en financieros y se esfuerzan en enriquecerse especulando en los mercados; los otros, cada vez más estresados, ven cómo sus beneficios se funden con el descenso del precio de los productos, generado por su abundancia y por la exacerbada competencia para venderlos.

A principios del año 2012 también hemos asistido, en particular en el norte de Italia, a una verdadera epidemia de suicidios de directivos de pequeñas y medianas empresas, que no logran salir adelante. La naturaleza, por su parte, hacia la cual todos se esfuerzan en externalizar los costes y el sufrimiento del crecimiento, es explotada, saqueada y destruida sin piedad. Jamás los individuos habían alcanzado tal grado de desamparo. La industria de los «bienes de consolación» intenta en vano ponerle remedio. De esta manera, todos nos hemos vuelto «toxicodependientes» del crecimiento. Por otra parte, no se trata solamente de una metáfora. La toxicodependencia es polimorfa. A la bulimia consumidora de los adictos a los supermercados y a los grandes almacenes le corresponde el workalcoholism, la adicción al trabajo de los asalariados, alimentada, llegado el caso, por el consumo excesivo de antidepresivos e incluso, según unas investigaciones británicas, por el consumo de cocaína de los altos ejecutivos que quieren estar a la altura.

El hiperconsumo del individuo contemporáneo «turboconsumidor» desemboca en una felicidad herida o paradójica.7 El análisis gerencial de la adicción no es menos terrorífico. Según Andrew Grove, presidente de Intel Corporation, «el miedo a la competencia, el miedo a la quiebra, el miedo a equivocarse o el miedo a perder pueden ser poderosas motivaciones. ¿Cómo cultivar el miedo a perder entre nuestros empleados? Solo podemos hacerlo si lo experimentamos en nuestra propia piel». Sin entrar en el detalle de esas «enfermedades generadas por el hombre», solo podemos suscribir el diagnóstico del profesor Belpomme: «El crecimiento se ha convertido en el cáncer de la humanidad».

En los años cincuenta le preguntaron al presidente Eisenhower, con ocasión de una conferencia de prensa, qué debían hacer los ciudadanos para combatir la recesión. Él contestó:

¡Comprar!

¿Pero qué?

¡Cualquier cosa!

 Extraído del libro 'Hecho para tirar' de Serge Latouche

domingo, 29 de junio de 2014

El sueño del afilador


De la serie Cuentos del 15M y después de un año desde el último cuento publicado en este blog ("La hoguera"), hoy ofrezco un nuevo cuento, titulado: "El sueño del afilador" ¡Que lo disfruten!
(Ah, y dejen sus comentarios, se agradecen).

El sueño del afilador



Acabo de despertarme con una desazonadora inquietud. He soñado que llovía, oía el silbido de la flauta de un afilador y de una manera incomprensible sentía el impulso de reunir los cuchillos de la casa y salir a afilarlos. Perseguía el sonido metálico del chiflo, su melodía hipnótica, que parecía jugar con el viento y esconderse tras cada esquina, hasta que llegaba a un plaza donde se hallaban muchos vecinos, cada uno con sus cuchillos, haciendo cola ante la bicicleta del afilador, mientras éste, dale que dale al pedal, hacía saltar las chispas de la piedra giratoria frotándola contra la hoja de un gran cuchillo de carnicero.
De alguna manera, la lluvia no me mojaba, ni parecía afectar la gravedad con que el afilador se enfrentaba a su trabajo. Concentrado, afilaba un cuchillo tras otro levantando la vista de la piedra giratoria tan sólo para entregar el cuchillo recién afilado a su dueño y recibir el siguiente, sin mediar palabra, en silencio. Llegado mi turno, alargué mi brazo para entregar al afilador mis cuchillos. En el mismo momento en que éste los cogía, clavó sus ojos en los míos, breve pero intensamente y con serenidad. Sentí un escalofrío.
Marché de allí. Sin rumbo, callejeando, me crucé con otros vecinos que también venían de afilar sus cuchillos, en silencio. Caminaba deprisa, al igual que el resto de la gente, por una ciudad irreal, sin tráfico, sin ruido, el silencio roto tan solo por el rumor sordo de pasos aquí y allá, y por el lejano y triste deje de la flauta del afilador, que parecía rasgar el aire quieto, animar la lluvia y detener el tiempo.
Sentía el calor de los cuchillos recién afilados en mis manos. La lluvia fina golpeaba en mi cara y resbalaba hacia mi barbilla, de donde caía el agua formando un hilillo. A medida que arreciaba la lluvia, yo aceleraba el paso, y me dí cuenta que las demás personas que deambulaban por las calles se apresuraban de igual manera. De repente, me vi trotando en grupo por el medio de la calle junto al resto de personas que venían de afilar sus cuchillos, portándolos en las manos, o en los bolsillos, o sujetos a la cintura. Grupos de personas procedentes de diferentes calles iban uniéndose a un grupo mayor que recorría la principal avenida de la ciudad, la cual desembocaba en una gran plaza delante del Palacio de Gobierno. Al poco tiempo una inmensa muchedumbre se concentraba en aquel espacio, en silencio, apretando los mangos de los cuchillos aún calientes con los puños, con la mirada fija en aquel inmenso edificio, aquella mole granítica que representaba el poder, y por lo mismo, la opresión.
Con determinación, la muchedumbre comenzó a moverse hacia la entrada principal del edificio, una gran puerta de hierro forjado que conducía a un inmenso patio. Yo caminaba en medio de la multitud silenciosa. Nadie se interpuso a nuestro paso. El patio estaba vacío. La gente comenzó a adentrarse en las dependencias del edificio. Todo estaba abierto. Yo me adentré con un grupo por las escaleras principales. A medida que recorríamos las salas, los despachos, las estancias, nos percatábamos de que el edificio estaba vacío: no sólo no había personas, tampoco había muebles, ni archivos, ni rastro de actividad alguna. El espacio antes ocupado por aquellos en quienes recaía el dudoso privilegio de ejercer el poder, siempre a favor de unos pocos privilegiados y en contra de la mayoría, ahora estaba vacío. Entonces todos guardamos nuestros cuchillos, ya fríos, y marchamos. Todo había terminado, y todo estaba por empezar.

Al despertar he recordado el sueño con mucha claridad. La sensación de desasosiego ha permanecido un buen rato. Volviendo a la rutina diaria he salido a la calle, llovía un poco. Al doblar la esquina me he topado con un afilador que acarreaba el extraño aparejo de su oficio montado en una bicicleta. Al mirarle a los ojos me ha devuelto la mirada y me ha sonreído. Un escalofrío ha recorrido mi espalda.

Megapraxis


Más cuentos del 15M en este blog:



sábado, 31 de mayo de 2014

Somero análisis retrospectivo de los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo de 2014

Ahora que han pasado unos días de las elecciones al Parlamento Europeo y de la vorágine que acompaña este tipo de procesos, voy a aprovechar, con la debida tranquilidad, para analizar dos aspectos: 1) la fiabilidad de las encuestas electorales y 2) los cambios que indican los datos en sí.

1. Fiabilidad de las encuestas electorales
Si siguen este blog, habrán visto que se emplean a menudo las encuestas electorales. Sin embargo, es frecuente que tras unas elecciones todo el mundo se pregunte por la fiabilidad de las predicciones hechas tan solo unos dias/semanas antes por las empresas demoscópicas e incluso la agencia oficial, el CIS, que tienen amplio eco en los medios, pero que a menudo salen mal paradas por diferir con los resultados reales.
Acabamos de salir de un proceso electoral y tenemos a mano los datos para poder hacer un análisis retrospectivo de lo que dijeron las encuestas y los datos reales salidos de las urnas.
En la siguiente tabla se resumen estos datos (en porcentajes respecto al total del censo electoral, 35,4 millones de personas), incluyendo los resultados de las anteriores elecciones al Parlamento Europeo (2009), la encuesta publicada el 18 de mayo por Metroscopia (una de las fuentes más seguidas y utilizadas, incluyendo este blog), la media de hasta 10 encuestas de este tipo (además de la citada , y finalmente, en la última columna, los resultados reales de las elecciones al Parlamento Europeo de 2014.

Opción
Elecc P. EU 2009
Metroscopia 2014
Media encuestas 2014 #
Elecc. P. EU 2014
PP
18,8
14,7
14,9
11,5
PSOE
17,3
14
13,1
10,2
IU
1,7
5
4,7
4,4
UPyD
1,2
2
2,8
3
OTROS
4,9
9,3
9,5
14,2
AB-VB/N*
56
55
55
55**
Participación
44
45
45
46**
NOTA: Los datos se expresan en en porcentajes respecto al total del censo electoral, no del nº de votantes.
#La media engloba encuestas recientes sobre este asunto de: Metroscopia NC Report; SignmaDos; GAD3; FeedBack; Celeste-Tel; DYM; Invy Mark; Demoscopia y CIS.
*AB-VB/N: Absetención+Voto en Blanco+Voto Nulo.
**La participación fue de un 46%, lo que da un 54% de abstención, que sumada a casi un 1% de voto en blanco/nulo, da un 55% en la casilla AB-VB/N.

¿Dónde se han desviado las encuestas? Evidentemente han sobreestimado la intención de voto a los dos grandes partidos, PP y PSOE y la han subestimado en la misma medida  hacia los "otros partidos". Nótese que la auténtica sorpresa electoral ha sido el resultado obtenido por la formación Podemos, que aquí se engloba en "Otros", pero que ella solita suma un 3,5% de ese 14,2% de votos a "Otros partidos" (uno de cada 4 votos a partidos no PP/no PSOE/no IU/no UPyD han ido a esta formación). Si la suma de lo "esperado" en las encuestas para el PP y el PSOE era de aproximadamente un 28%, y la suma de lo que han obtenido es un 21,7%, la diferencia (6,3%) se aproxima bastante al 5% de más obtenido por "otros partidos" con respecto a lo que pronosticaban las encuestas, y de ese 5%, la mayor parte (3,5%) ha ido a Podemos.

¿Dónde han acertado? Pues han "clavado" prácticamente los resultados de los dos partidos "medianos", IU y UPyD. 

Como conclusión, se puede decir que las encuestas no han visto venir la nueva irrupción de Podemos en el panorama electoral, o la han subestimado mucho. De igual forma han atribuido resultados muy optimistas a los dos grandes partidos, PP y PSOE, sin anticipar la notable caída de ambos.

Es posible argumentar en defensa de las encuestas, que el grado de incertidumbre en este caso fue alto, que los electores han decidido muy tarde su voto, que cuando hicieron las encuestas habia muchos indecisos...Todo eso puede que sea cierto, pero la realidad es que la utilidad de las encuestas para predecir los resultados electorales es muy limitada, aunque su poder mediático para influir en el voto es muy elevado. Téngase en cuenta en próximas citas electorales.

2. Cambios en el panorama electoral tras el 25 de mayo
El siguiente gráfico muestra los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 en su versión más "cruda", es decir, en millones de votos por cada opción, comparándolos con las anteriores elecciones de 2009:

Lo que no ha cambiado es la abstención, muy alta en ambas elecciones. Lo más notable es el ascenso de "Otros partidos", que ha pasado de 1,76 a 6,32 millones de votos (¡¡¡un aumento del 360%!!!), que ocurre en paralelo (¿o a expensas?) del descenso de PP, que pierde 2,6 millones de votos, y PSOE, que pierde 2,5 millones, es decir, pierden, respectivamente, un 39% y un 41% de los votos obtenidos en 2009. IU y UPyD han aumentado notablemente sus resultados de 2009, casi el triple IU y poco más del doble UPyD, pero como las posiciones de partida eran reducidas, representan porcentajes aún bajos: IU pasa de algo más de medio millón a millón y medio de votos y UPyD pasa de menos de medio millón a un millón aproximadamente.
El aumento tan notable del voto a "otros partidos" se ha traducido mal a número de escaños, por la gran división que existe en esta opción, donde uno puede encontrar de todo (nada menos que 35 opciones electorales) pero en conjunto si se vislumbra un cambio, una tendencia, a reducir el voto hacia las opciones "clásicas" y aumentarlo hacia nuevas formaciones, de las cuales emerge con una fuerza singular Podemos, una fuerza crítica con el modelo neoliberal imperante, que no existía hace tan solo unos meses, y ha obtenido 5 escaños, situándose como cuarta fuerza política en estos momentos. Emergen igualmente otras fuerzas a la izquierda que no "tragan" con las ruedas de molino de la troika (EPDD, Primavera Europea, posiblemente otros más). Urge un entendimiento entre todos ellos de cara a formar un frrente común anti-troika para las próximas citas electorales, las elecciones autonómicas y municipales, y las generales, en 2015.

Como resumen, puede decirse claramente, que lo nuevo tras estas elecciones es el voto anti-troika, que ya ha empezado a movilizarse, y seguirá haciéndolo en las siguientes citas electorales, al tiempo que los partidos clásicos, que han mostrado su servilismo a la troika, irán descendiendo.